La plaza está llena. Siento a mi alrededor un sentimientos de miedo. Yo también lo tengo. Miro a mi alrededor. Veo caras conocidas pero algunas que me resulta extrañas. Rezo para que sean ellas las que salgas elegidas. Todas tenemos quince años. Una edad que nos permite saborear una esperanza para algunos imposible. Delante de mi se agrupa una multitud pero puedo ver el Edificio de Justicia y la tribuna que se ha levantado
delante. De repente toda la plaza queda en silencio. Sé que ellos ya están aquí. Después unos momentos de inquietud colectiva el alcalde aparece acompañado de dos personas que no reconozco. Uno de ello es un miembro del Capitolio. Sé que no me ve pero aún así me encojo sobre mi misma. Con voz monocorde el alcalde comienza a relatar la historia de la creación de Panem marcada por el fuego y la sangre.
Me pierdo en mis temores y no presto atención a nada salvo a intentar localizar a mi hermano. Vuelvo a la realidad por culpa de un grito.

¡Felices Juegos del Hambre! Grita uno de los desconocidos. El alcalde se acerca a una urna llena de papeles blancos. Mete la mano. Le da unas vueltas. Coge una y la saca.
Con voz clara dice un nombre.
– Elein Denbery
Soy yo. Durante instante pienso que se ha equivocado. Miro a mi alrededor a ver si otra adolescente con mi mismo nombre comienza a caminar hacia la tribuna. Imposible. Soy yo. Lo sé por el vacío que se hace a mi alrededor. Comienzo a caminar y antes de que me de cuenta estoy delante de una multitud silenciosa, mientras el alcalde sonríe con satisfacción.
– ¡Una elección excelente!- grita mientras me observa.
Luego introduce la mano en otra urna y saca otra papeleta. Rezo para que no sea John. Mi hermano.
– Marcus Skinner.
No sé quien es. Pronto aparece un chico alto y de pelo negro. Es de los mayores. Tiene más posibilidades que yo. No parece atemorizado. Eso me asusta más. Comienzo a pensar en una estrategia pero no se me ocurre nada. El alcalde habla pero no le presto atención. Cuando todo acaba un hombre me coge del brazo y comienza a arrastrarme hacia el Edificio de Justicia. Es la primera vez que entro y me quedo asombrada por el vestíbulo con bellas decoraciones. Pero no tengo tiempo para completarlas ya que me
arrastran hasta un pequeño cuarto. Como no sé qué empiezo a dar vueltas y a curiosear entre la grandeza de lo que veo. Detrás de unas cortinas hay una gran ventana. Me dirijo hacia ella y observo lo que ocurre en el exterior. La plaza se está quedando vacía. Las mayorías de las familias habrán respirado tranquilas. Una año más sus hijos estarán a salvo. La puerta se abre y entran mis padres y mi hermano John. Mi madre está llorando.
Es la primera vez que la veo así. Me abraza y me dice que todo irá bien. Pero sé que miente. He visto los Juegos. Nos abrazamos hasta que vuelve a entrar el hombre que me arrastró hasta la habitación y nos dice que el tiempo se ha acabado. Beso a mi padre, a mi madre y por último a John.
Empiezo a pensar en mis posibilidades. Se me da bien nadar, soy rápida y tengo la mente despierta. Pero mi fuerza es escasa comparada con la de los chicos. Dado que el escenario de los Juegos mi habilidad para adaptarme a todo tipo de situaciones puede ser mi gran ventaja.
Una mujer que no conozco me pide que la siga. No protesto. Salimos de Palacio de Justicia y entro en un enorme coche. Pronto llegamos a la estación de tren. Allí me encuentro rodeada de cámaras que siguen todos mis pasos. A lo lejos veo que el chico que comparte mi suerte está también en la estación. No tenemos que esperar mucho para la llegada del tren. Una vez dentro recorro varios pasillos estrechos hasta llegar a un cuarto. La mujer que dice que estaré aquí hasta que lleguemos a nuestro destino. Me indica donde está el servicio que tiene además una ducha y que en los cajones hay ropa que me puedo poner.
Pasan unas horas hasta que vuelve la mujer. Resulta curioso pero no sé su nombre. Se lo pregunto. Se llama Annie. Pienso que no es un nombre adecuado para ella. Me lleva en silencio hacia una habitación alargada que reconozco enseguida por los olores. Estamos en el comedor. Allí está el otro jugador. Al igual que yo se ha cambiado de ropa. Annie me dice que me siente delante de él y así lo hago. Comenzamos a comer en silencio. En un
momento Annie nos deja solos.
– ¿Tienes alguna estrategia?
Le miro su rostro. Tiene ojos azules y una mandíbula cuadrada. Bertie mi mejor amiga diría que era guapo.
– No. ¿Y tú? – le pregunto entre bocado y bocado.
– Este era mi último año para poder salir seleccionado. Tengo una estrategia desde los diez años- confiesa.
Lo miro con curiosidad. No sé si lo que ha dicho es verdad o está intentado que tenga miedo para no ser una rival una vez que comiencen los juegos.
– Yo tengo una estrategia desde hace diez minutos – me atrevo a mentirle.
Sonrie. Sabe que miento pero le da igual. A mi también. Pero él tiene razón debo empezar a pensar como salir viva de los Juegos. Sé cuáles son mis opciones. Son pocas, pero si soy lista puede que tenga alguna posibilidad. Lo que tengo claro es que no podré hacer ningún plan que tenga sentido hasta que vea donde se desarrollarán los Juegos.
También me pregunto cómo nos disfrazarán. Somos del Distrito seis. Una zona pesquera donde el marisco es lo más destacado y lo que enviamos a la capital.
Sonrió con fastidio.
– ¿ Por qué sonríes? – me pregunta Marcus.
– No quiero que me vistan como una langosta. – le respondo
Él se ríe con una carcajada profunda que le provoca un acceso de tos. Pienso que quizá pueda ganar intentando matar de risa a mis contrincantes. Pero creo que no funcionaria.
Durante unos momentos nos miramos a los ojos. Él tiene una estrategia. Yo no tengo nada más que una vana ilusión de que todo puede ir bien. Me acuerdo de una frase que me repetía muchas veces mi abuelo: la suerte está a favor de los valientes y los locos.
Tendré que ser valiente. Y creo que ya estoy loca si pienso que saldré de esta.